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Replanteando el Informe Parroquial

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Empiezo con una gran confesión: uno de los beneficios del obispado es no tener que llenar el formulario de Informe Parroquial anual. En mis 20 años como sacerdotisa de una parroquia, la contabilidad anual era lo que menos esperaba. Y en comparación con el día de hoy, mirando al pasado, me doy cuenta de que lo teníamos fácil. El documento de cuatro páginas impreso en cuatro juegos parece primigenio en comparación con el documento actual de ocho páginas que se completa y envía en línea.

Recientemente, un amigo que trabaja en una parroquia en Baltimore describió una reunión parroquial a través de Zoom con el propósito de discutir sobre qué colocar en la sección “narrativa” del Informe Parroquial 2020. Esto despertó mi curiosidad lo suficiente como para que yo buscara –en línea, por supuesto– no solo el formulario del informe, sino también el folleto de instrucciones. Fue entonces cuando de verdad me quedé sin aliento. El folleto de instrucciones pasó de ser cuatro páginas en el 2019 a 27 páginas en el 2020, lo que me llevó a pensar que preferiría trabajar en mis impuestos. Sin embargo, las preguntas dentro de la sección narrativa en particular fueron sorprendentemente proféticas y útiles, en tiempos en que la Iglesia crece hacia un nuevo futuro.

  1. ¿Cuáles fueron las principales oportunidades, innovaciones y desafíos en la conducción del culto durante la pandemia? ¿Qué aprendió?
  2. ¿Cuáles son las principales oportunidades y desafíos que enfrenta su iglesia al planificar el futuro?
  3. ¿Cuáles son las tres cosas que más han cambiado la forma en que la iglesia dirige su ministerio?

Puede sonar un poco irónico, pero uno de los beneficios no tan obvios de haber sido obligados al aislamiento por la pandemia, es que la Iglesia Episcopal, tecnológicamente hablando, ha sido arrastrada al siglo XXI. Sin la pandemia, las prácticas del culto por transmisión en vivo, las reuniones por Zoom, los seminarios web, los podcasts y una serie de otras herramientas serían raras en lugar de comunes. La necesidad de crear redes nos ha proporcionado nuevas alianzas en todo el mundo. La Oración Matutina, la Vespertina y las Completas en línea han infundido una nueva apreciación de la Liturgia de la Palabra. Los ministros laicos han asumido roles que antes eran raros o inexistentes. Y los diseñadores del Informe Parroquial –el Comité de la Cámara de Diputados sobre el Estado de la Iglesia, compuesto intencionalmente por los miembros más jóvenes de la iglesia– nos han dado el obsequio de cambiar algunas de las métricas y fomentar un proceso más colaborativo. Se insta al Clero, a la junta parroquial y al personal a participar en las respuestas a estas preguntas. (página 6 del formulario 2020)

No solo eso, sino que hay secciones separadas sobre Justicia Racial y Reconciliación; Idiomas en los que se lleva a cabo el culto; y Ministerios de Divulgación y Actividad de Voluntariado de esta Congregación. Estas secciones ayudan a que el Informe Parroquial refleje con mayor fidelidad la vida de la Iglesia y nos motivan a todos a replantearla. ¿Quién pensaría que el Informe Parroquial ofrecía tales contribuciones? ¿Quién habría imaginado que este ejercicio anual podría presentar algunas señales de crecimiento? ¿Cómo pude haber predicho que escribiría un artículo exaltando los beneficios del Informe Parroquial? Quizás la mejor forma de resumirlo ya esté escrita en las instrucciones para responder a las preguntas de la narrativa:

Para ayudar a las congregaciones, las diócesis y a toda la Iglesia a contar la historia de nuestra respuesta a la pandemia por COVID-19, se les pide a las congregaciones que proporcionen narrativas que reflejen las oportunidades y los desafíos de este momento, cómo la congregación ha respondido y cómo está mirando hacia el futuro. Por favor, colabore con el liderazgo de la congregación en la redacción de estas narrativas.

Déjenme escuchar un ¡AMEN!