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ACT: 50 Years and Looking Forward
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Covid on (and Off) Campus
Developing The Next Generation of Leaders
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Episcopal Charities Receives $1 Million Anonymous Donation
Episcopal Futures Learning Communities Launched at Pentecost
Grace Year: In Preparation for Leadership for the Common Good
Hacer espacio para dejar que los niños nos guíen
Introducing Rev. Kevin W. VanHook, II, the New Executive Director of Episcopal Charities
Jonathan Daniels Pilgrims Reflect
Kelly Latimore: Iconographer of a New Imago Dei
Make Space to Let the Children Lead Us
Mission of Our Youth: Poverty in New York
New Executive Director for Episcopal Charities
New Youth Grantmaking Board at Christ’s Church, Rye
Palm Sunday Hospitality with 10- and 11-Year-Olds
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Prayers from Our Hearts
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Un niño y un milagro
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Voices Heard: A Diocese Explores Pathways Toward Reparations
We Need All Ages
When I Was a Child: The Beginnings of Faith
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En la intersección del Racismo y el COVID


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Han pasado tantas cosas en los últimos seis meses, tanto ha cambiado y sigue cambiando, hay tanta incertidumbre e imprevisibilidad, que es difícil concentrarse en las cosas que son verdaderamente importantes. Antes de que nadie en este planeta supiera sobre el COVID-19, incluso antes de que recibiera un nombre, la Diócesis de Nueva York estaba trabajando en reparaciones y reconciliación racial. Ya estábamos haciendo en planes para la lectura de un libro en toda la diócesis, “Cómo ser un antirracista” (“How to Be An Antiracist”) de Ibram X.Kendi. Ya estábamos haciendo planes para que la diócesis participara en un servicio de disculpa como parte de la Convención 2020. Ya estábamos trabajando para ampliar la capacitación contra el racismo y educarnos unos a otros sobre los males del racismo sistémico y la supremacía blanca.

De hecho, antes de que surgiera el COVID, ya sabíamos que había enormes disparidades en la atención médica entre las personas de color y las personas blancas. Ya sabíamos que había grandes diferencias en educación y oportunidades económicas. Sabíamos que los negros y los latinos eran víctimas de la violencia armada a un ritmo muy superior al de los blancos. Podríamos ver, si nos importara mirar, que había mucha más gente negra y latina en nuestras prisiones que gente blanca. Incluso estábamos empezando a entender que el cambio climático estaba afectando a las personas de color más de lo que estaba afectando a los blancos debido a una matriz de factores, tanto históricos como actuales.

En enero de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud anunció por primera vez que había un nuevo y misterioso virus que parecía estar causando un brote de casos similares a la neumonía en Wuhan, China, lo escuché como una noticia más. Luego se reportaron algunos casos en Tailandia y Japón, luego Seattle, Washington, luego New Rochelle y casi de repente en Nueva York. El estado, como así mismo y de manera predominante la ciudad de Nueva York, se había convertido en el epicentro mundial de la enfermedad. La gente fue enviada a casa para trabajar y recibir educación. Lavarse las manos, el uso de máscaras, el distanciamiento físico y quedarse en casa (si se podía) eran las órdenes del día. En la Diócesis de Nueva York, dejamos de reunirnos para el culto público para hacer nuestra parte para aplanar la curva. Durante los días más brutales de la crisis de COVID, nos apoyamos, y entendimos, que estamos todos juntos en esto. El COVID afecta a todos. Haga su parte para ayudar a aplanar la curva.

Con el paso del tiempo y la acumulación de estadísticas, se empezó a poner de relieve que el COVID estaba matando a más personas de color que a blancos; a más pobres que ricos; a más ancianos que jóvenes. Algunas personas interpretaron estas estadísticas en el sentido de que si eras joven, blanco y podías pagar una buena atención médica, no tenías que preocuparte tanto por el COVID como otros, quienes claramente tenían problemas de salud subyacentes. Me detengo aquí. Porque el único punto que quiero resaltar es este: así como la existencia de COVID en este mundo nos afecta a todos, incluso si nunca contraes la enfermedad, los males del racismo nos afectan a todos. Probablemente debería decir, “los males del racismo nos infectan a todos”. No existe vacuna contra el racismo. Lo que significa que el bien común es que todos nos recuperaremos juntos o todos seguiremos sufriendo juntos.

Lo mejor que puedo decir sobre la pandemia de COVID-19 es que es una llamada de atención mundial para que la humanidad atienda las injusticias que amenazan la vida y que realmente amenazan con aniquilarnos a todos, porque la verdad es que nos infectan a todos.  Ibram X. Kendi, sobreviviente de cáncer, lo expresa así: “El racismo es uno de los cánceres más fatales y de más rápida propagación que haya conocido la humanidad. Es difícil encontrar un lugar donde sus células cancerosas no se estén dividiendo y multiplicando. No hay nada que vea hoy en nuestro mundo, en nuestra historia, que me dé la esperanza de que algún día los antirracistas ganarán la batalla, que algún día la bandera del antirracismo ondeará sobre un mundo de equidad. Lo que me da esperanza es una simple verdad. Una vez que perdamos la esperanza, tenemos la garantía de perder. Pero si ignoramos las probabilidades y luchamos por crear un mundo antirracista, entonces le damos a la humanidad la oportunidad de sobrevivir un día, una oportunidad de vivir en comunión, una oportunidad de ser libres para siempre.”[i]

[i]   Ibram X. Kendi, How To Be An Antiracist, New York: One World, 2019, p.238